domingo, 13 de enero de 2013

HUMILDAD (Lc 3, 15-16.21-22)

Tan poco acostumbrados estamos a verlo que no puede más que sorprendernos de este relato el testimonio del servicio a través de la humildad que aparece en él.

La humildad de Juan que, ante los rumores que corrían y la consideración de la gente, no duda en aclararles que él “sólo” los bautiza con agua, pero que todo el cambio que la gente espera no vendrá con él ni Juan tendrá apenas nada que ver con ello.

La humildad de Jesús. Podría no haber esperado y recibido el bautismo, (total, es Dios y no le hace falta....). Podría haberse saltado la cola; tenía que comenzar su labor y no tenía mucho tiempo...Podría incluso haberse manifestado como quien era y haber sustituido a Juan en ese momento...

Pero no hizo nada de eso, sino que esperó en la cola su turno como uno más, y recibió el  bautismo de manos de un hombre como otros. Y, finalmente, todo quedó en su sitio, pero ninguno de ellos reivindicó nada...

Parece realmente extraño y, desde luego, no ocurre lo mismo habitualmente, en la política, ni en el mundo laboral, o incluso en la famila, ni, muchas veces, desgraciadamente, al realizar nuestra labor en nuestras comunidades cristianas. A diario, en los medios de comunicación, en nuestras relaciones personales...incluso, en nuestras propias actitudes podemos ver ejemplos de lo contrario. Reclamar lo que uno hace (o, incluso, peor aún, lo que realmente no se hace) y ponerse medallas parece ser la norma.

También muchas veces nos puede parecer vergonzoso que en algún momento nos tengan que ayudar, y, depende de la situación, nos puede llegar a herir en el orgullo.

Es de justicia que a cada uno se nos reconozca lo que hemos realizado o contribuido...pero tanto Juan como Jesús nos muestran que empeñarse en exigirlo (y entrar en discusiones estériles con argumentos del tipo “Yo he hecho.. y....y.” ) no es el camino, se nos iría la fuerza por la boca. El mismo orgullo nos puede conducir a rechazar en alguna ocasión que nos intenten ayudar (aunque lo necesitemos).

En definitiva podemos reconocer aquí una llamada a no preocuparnos por todo ello, y a servir desde la humildad, cada uno en lo que buenamente pueda y, recibir, desde la humildad, lo que con amor se nos ofrece.
S.F.

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